
Uno de los temas legales más importantes —y, al mismo tiempo, más pasados por alto— en el mundo empresarial es determinar qué ocurre con la propiedad intelectual (PI) cuando un fundador deja la empresa o cuando el negocio es vendido.
Muchos fundadores asumen que, por haber creado el nombre de la empresa, el logotipo, el software, los materiales de mercadeo o los procesos internos, continúan siendo los propietarios de esos activos. Sin embargo, en numerosas ocasiones la ley llega a una conclusión distinta.
Comprender quién es el titular de la propiedad intelectual antes de la salida de un fundador o de una transacción de compraventa puede evitar disputas costosas, aumentar el valor de la empresa y brindar mayor seguridad jurídica a inversionistas y compradores.
Para muchas compañías, la propiedad intelectual constituye su principal activo comercial. Entre otros, puede incluir:
Cuando la titularidad de estos activos no está claramente definida, inversionistas, compradores y entidades financieras suelen considerar esta situación como un riesgo legal significativo.
Es común que los emprendedores crean que, por haber concebido una idea o diseñado personalmente un logotipo, un sitio web, materiales de capacitación o un programa de software, conservan automáticamente los derechos sobre dichas creaciones incluso después de abandonar la empresa.
La realidad jurídica no siempre es tan sencilla.
La titularidad dependerá de diversos factores, entre ellos:
En muchos casos, la propiedad intelectual desarrollada para beneficio del negocio pertenece a la empresa y no al fundador que participó en su creación.
Una de las mejores formas de prevenir conflictos futuros consiste en documentar adecuadamente la titularidad de la propiedad intelectual.
Toda empresa debería evaluar si cuenta con:
La ausencia de estos documentos puede convertir una simple discusión sobre la titularidad en un litigio complejo, prolongado y costoso.
Durante una compraventa de empresas, la propiedad intelectual suele ser uno de los primeros aspectos revisados dentro del proceso de due diligence o auditoría legal.
Entre las preguntas más frecuentes se encuentran:
Cualquier incertidumbre respecto de la titularidad puede retrasar la operación o incluso poner en riesgo la transacción.
Ya sea por renuncia, retiro, venta de su participación o separación involuntaria, la empresa debería revisar cuidadosamente aspectos como:
Una transición bien planificada reduce significativamente el riesgo de conflictos posteriores y protege la continuidad del negocio.
Respecto de obras protegidas por derechos de autor —como software, sitios web, manuales, diseños gráficos, videos o materiales de mercadeo— la titularidad dependerá, en muchos casos, de si la obra califica como un “Obra por encargo” conforme a la legislación estadounidense o si los derechos fueron transferidos mediante un acuerdo escrito.
Es importante destacar que el simple hecho de pagar a una persona para desarrollar una obra no significa automáticamente que la empresa sea propietaria de los derechos de autor. En numerosas situaciones, un contrato correctamente redactado resulta indispensable para establecer la titularidad.
La titularidad de una patente puede seguir principios distintos a los aplicables a los derechos de autor.
Dependiendo de las circunstancias y de los acuerdos existentes, el inventor suele ser inicialmente el titular de los derechos de patente, salvo que haya firmado un acuerdo de cesión a favor de la empresa.
Por ello, las compañías dedicadas a investigación, innovación tecnológica o desarrollo de productos deberían asegurarse de contar con acuerdos de cesión de invenciones adecuadamente redactados.
La titularidad de la propiedad intelectual debe analizarse mucho antes de que un fundador abandone la empresa o de que el negocio sea puesto en venta.
Adoptar medidas preventivas puede ayudar a:
Ya sea que esté iniciando un nuevo emprendimiento, incorporando nuevos socios, planificando una transición empresarial o preparando la venta de su compañía, la propiedad intelectual debe formar parte de su estrategia legal desde el primer día.
Una titularidad claramente definida, acuerdos correctamente redactados y una protección oportuna de sus activos intangibles contribuirán a proteger aquello que realmente diferencia y aporta valor a su empresa.
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